Este mes de noviembre, aprovechando el puente de la Almudena en Madrid, decidimos irnos de viaje al Pirineo Aragonés, desconectar y hacer algo de senderismo.
El viaje nos llevó algo más de 4:30h. Nos alojamos en el Hotel Viña Oliván, en un pueblo llamado Sarvisé muy cerca del Parque Natural de Ordesa. El hotel es chiquitito, tiene creo recordar 10 habitaciones, pero es bastante acogedor, con sus jardines, terraza y chimenea.
La familia que lo lleva es muy simpática y atenta. Las habitaciones grandes y limpias, la nuestra tenía además una terraza que para tomarte algo, con las vistas que hay era perfecta! Para mi gusto los baños necesitan una reforma, pero no están mal.
Si lo valoráis, tenéis que tener en cuenta que no dan comidas/cenas (aunque sí preparan picnic), sólo desayuno, que está mejor que bien y hacen productos caseros diferentes y variados cada día.


Llegamos y después de descansar un poco, fuimos a dar una vuelta por el pueblo y a cenar. Cenamos en Casa Frauca. Decir que la cena estuvo muy bien, había menú pero decidimos coger un par de platos para compartir y un postre, y el servicio fue excepcional. Reseñable la cerveza Rondadora, que la probamos allí por primera vez y no nos pudimos desenganchar de ella 🙂
El sábado por la mañana amanecimos pronto porque teníamos planificado hacer una ruta por el Parque, concretamente la ruta de la Cola de Caballo pero por su variante más dura y bonita, subiendo por la senda de los Cazadores y la Faja de Pelay. El coche lo dejamos en el parking de la pradera, ojo porque en verano no se puede meter el coche allí, sino que hay un servicio de autobuses desde Torla, que es último pueblo antes de adentrarte en el Parque y llegar a la pradera.
La ruta lleva más o menos 5:30h si se hace ida/vuelta por el mismo sitio, es decir, por el circo y las gradas de Soaso, y la dificultad que tiene es que es larga (~16 kms), pero la subida es muy progresiva.
La otra opción, que es por la que nos decantamos nosotros, lleva poco más de 7 horas (más dura y más distancia).
La principal dificultad que tiene es que el inicio del camino de la Senda de los Cazadores es totalmente empinado, ganas unos 700 metros de desnivel en poco más de 2,5kms. Hay que tener cuidado si ha llovido o si hay muchas hojas por el suelo, pues puede ser un poco peligroso.
Pero si os gusta caminar y estáis acostumbrados a distancias largas, os lo recomiendo 100%, pues obtienes una visión totalmente diferente del entorno.
Desde el parking de la pradera, hay que coger el camino de la derecha (viene indicado) cruzando el río Araza.
Como he comentado, el camino aquí es complicado por la inclinación, aunque la mayor parte del tiempo no da sensación de vértigo dado que al transcurrir por bosque, no parece que estemos muy elevados.
Al final de la subida, llegamos al mirador de Calcilarruego desde donde podremos contemplar todo el valle.






Continuamos el camino bordeando por la izquierda el refugio que hay, para coger la Faja de Pelay. Desde aquí hasta la Cola de Caballo son algo más de dos horas, por una senda que, después de la subida que hemos realizado, será fácil de transitar y prácticamente sin desnivel, además de muy agradable tanto en los tramos con bosque como los que son más abiertos.






Durante todo el trayecto tendremos unas vistas privilegiadas del Circo de Soaso, y una vez al final alcancemos la famosa cascada Cola de Caballo. Aquí es habitual que la gente pare a comer algo además de contemplar el magnífico paisaje.



Una vez que nos comimos los bocadillos que llevábamos y aunque el tiempo acompañaba para seguir allí sentados y relajados, nos pusimos en marcha puesto que nos quedaba aún una gran parte del trayecto.
Desde aquí el camino es sencillo, en descenso y con muchísimas cascadas. Es posible que esta sea la razón por la que me ha gustado tanto esta ruta, por toda la cantidad de saltos de agua que hay.
En esta última parte del recorrido, también encontraremos un enorme y precioso bosque de hayas. Los dos últimos kilómetros se nos hicieron algo durillos, no por el sendero sino porque llevábamos ya mucho andado.








Ya en el parking, vuelta al hotel a descansar un poco. Esa noche decidimos cenar en la cafetería Meliz. Raciones generosas pero algo flojas. El personal muy seco y poco atento. La cerveza cara.
Para el domingo teníamos pensado coger el coche y cruzar a los pirineos franceses. Así que nos pusimos en marcha. La idea era ir a Balnéa, balneario que está en Génos.
De camino fuimos parando en varias ocasiones para ver el paisaje.




En el balneario, nos decidimos por una oferta que incluía spa + comida por 36€ cada uno. Nuestra experiencia aunque el balneario está genial, fue regulera, os explico.
Llegas allí y te atienden en recepción, puedes comprar si se te olvida alguna cosa, te dan tu pulsera, tu toalla y dos sobres de jabón (uno para que te duches antes de entrar y otro al salir). Te explican que no puedes sobrepasar las dos horas en el spa pues sino tiene recargo (como la pulsera es electrónica y registra lo tiempos es muy fácil aplicarlo).
Dentro del spa, hay mucha gente, cuando digo mucha, es muchísima. Y vale que los niños puedan acceder a las instalaciones, pero no veo yo que un sitio que a priori es de tranquilidad y relax, esté lleno de familias dando voces por todos lados. Y sí, avisan de que se puede entrar a partir de los nueve meses, pero un poco de respeto no hace mal a nadie.
Aún así, el entorno es increíble. Tienen cuatro zonas diferenciadas, con unas vistas espectaculares. Las piscinas exteriores, con diferentes temperaturas (todas a partir de 31º) son una gozada, con el sol incidiendo mientras disfrutas del paisaje.
El menú que correspondía con la oferta, era el menú vitalidad. Decir que no incluía la bebida. Aun así, bien, aunque no destacable. Varios primeros, varios segundos y varios postres a elegir. Quizás lo peor el postre (o al menos los que elegimos nosotros que fueron crema catalana y mousse de chocolate y pistacho). Ahora, el servicio….madre!!! nos tiramos comiendo más de dos horas! Total, no teníamos prisa, cómo para tenerla!
Luego estuvimos paseando por los alrededores del lago Genos-Loudenvielle, lugar donde se respira mucha paz. Preciosas vistas y casitas. Te encuentras gente caminando, familias jugando, niños en bici….Merece mucho la pena. A nosotros nos hubiera gustado recorrer el lago entero, pero teníamos que volvernos pues no queríamos que se hiciera de noche al cruzar los Pirineos de vuelta.






De camino paramos en Aínsa. Estuvimos dando un paseo en el casco antiguo, plaza mayor y castillo. Toda la construcción es como muy medieval, pero con terracitas para poder disfrutar tomándote algo 🙂 Merece la pena visitarlo si os pilla cerca. Además realizan actividades o juegos con niños dentro del castillo.
De casualidad dimos con un bar que se llama “El bocadillo” al lado del hotel Dos Ríos (de hecho no sé si será su propia cafetería). Entramos a tomar algo rápido y nos quedamos en la barra. Pero pudimos ver que tenía un comedor con bastantes mesas. Calidad-cantidad-precio muy bien, y los bocadillos tenían una pinta estupenda! Recomendable aunque tenéis que tener en cuenta que está en “la ciudad”, no en la parte bonita.
Como suele pasar, todo lo bueno se acaba. Antes de irnos el lunes, preguntamos en el hotel qué podíamos visitar que mereciese la pena pero que no nos llevase mucho tiempo. Además de atendernos estupendamente, comentarnos varias opciones y marcarnos todo en el mapa indicándonos qué carreteras era mejor coger, ¡nos regalaron una botella de pacharán!
Al final decidimos hacer una rutilla corta llamada Ruta del Agua en el Cañón del Añisclo. Es una ruta para hacer en familia, sin ningún tipo de dificultad y de poco más de una hora de duración con paradas incluidas. El municipio más cercano es Fanlo y parte del parking de San Úrbez.
En esta ruta puedes ver varias cascadas, la ermita de San Úrbez, el molino de Aso (o lo que queda de él), un puente medieval (mientras pasas por otro que se construyó paralelo). Y todo rodeado de verde y con varios miradores para poder contemplarlo. Creo que merece más la pena que veáis fotos a que os cuente más 😉















Noviembre’2015