La verdad es que nunca me había planteado seriamente ir a San Sebastián. Las referencias que tenía sobre la ciudad eran muy buenas y con mis amigas había salido la idea de ir en múltiples ocasiones, pero nunca con éxito, así que fue gracias a una media maratón que se apuntó mi chico y que al final no pudo correr por lo que conocí la ciudad.
Como era un finde importante e íbamos pillados de tiempo, nos fue bastante difícil encontrar alojamiento a un precio razonable en la propia ciudad, así que decidimos alojarnos en Zarautz, que está a quince minutillos en coche y también es preciosa.
Es cierto que es una ciudad cara, se ve que hay dinero, mucho, pero es una ciudad que enamora, con muchísimo encanto, muy cuidada y muy bonita. Bueno, al lío 🙂
Llegamos el viernes por la tarde-noche, después del viaje desde Madrid, poco más que ir al hotel, dar una vuelta por el paseo e ir a cenar.
Nos alojamos en el Hotel Zarauz, 94€ la habitación doble con desayuno las dos noches. Es un 3* normalito, con camas quizás demasiado blandas y muebles bastante antiguos (además del aire clásico). El trato con el personal me pareció correcto. Positivo es que tiene wifi y aparcamiento gratuito…..si hay plaza! Esto último es porque tienen un parking muy pequeño, sobre todo comparado con el tamaño del hotel. Los alrededores son zona azul, aunque fuera de verano no está operativa.
Tras dar una vuelta por el paseo marítimo (me encanta la playa aunque llueva) nos acercamos a cenar a un restaurante llamado Asador Telesforo. Muy recomendable. Nosotros nos salimos de la carta y se nos subió un poco el precio, hay menús tanto de diario como de fin de semana, que tienen muy buena pinta. Y de cantidad y calidad….son gente del norte! Así que guay 😉
El sábado después de desayunar, dimos una vuelta por Zarautz, pasear por sus calles, ver algunas de sus bonitas paradas de autobús, las casas que recuerdan a las del norte de Europa…. está todo muy cerquita y merece la pena. También paramos a ver a un numeroso grupo de chic@s practicar surf, genial!
A media mañana cogimos el coche y nos fuimos a San Sebastián. Hicimos una parada en Anoeta para verlo (tengo la costumbre de hacer fotos de los estadios de fútbol de las ciudades que visito).
Como una gran parte de la ciudad (centro y alrededores) está controlado por la O.R.A., decidimos dejar el coche en el barrio de Amara que no es de pago. Desde ahí bajamos dando un paseo… ¡y decidimos que era buena hora para empezar a ir de pinchos!
Os cuento los sitios que visitamos y lo que me pareció:
- Aloña Mendi (C/ Fuenterrabía 31). Bar pegado a la catedral del Buen Pastor. Aquí probamos un pinchito de tortilla y un crepe de changurro. El crepe nos encantó, tanto que no quedó ni gota de la salsa.
- Goiz Argi (C/ Fermín Calbetón 4). Sitio muy concurrido pero con una atención excelente. El personal está siempre atento. En este pedimos unas brochetas de gambas. Estaban bastante buenas. Las sirven con una rebanada de pan y con una salsa por encima muy rica pero no excesiva para no quitarle el sabor a las gambas. Pedimos además otros dos pintxos, uno frío y otro caliente, pero no reseñables.
- Txondorra (C/ Fermín Calbetón 7). Este local aunque tenía bastante gente no estaba tan lleno como el anterior, pues era más grande. Aunque estuvimos igual en barra, sí tiene varias mesitas. Aquí pedimos el volcán de risotto con setas y parmesano, muy bueno.
- La cuchara de San Telmo (c/31 de Agosto, 28). Arroz salvaje con foie.
- A Fuego Negro (c/ 31 de Agosto).Local mucho más cool y menos gente. Pintxos muy sofisticados pero más pequeños y caros que en general.
- Zeruko (Arrandegi Kalea, 10). Al igual que el anterior los pintxos son mucho mássofisticados. Merece la pena probarlos dado que son bonitos a la vista y al gusto.
- Beti Jai (Fermín Calbetón Kalea, 22). Este bar es muy gracioso y llamativo por fuera, tiene como monigotes, y por dentro es muy blanquito y también con muñecos. Los pintxos tienen buena pinta pero para mi gusto fueron los peores de la zona vieja. Los que probé no me llamaron nada la atención.
Como nota deciros, que si estáis entre semana, el jueves hacen el pintxopote. De esta forma comer de pintxos sale mucho más económico (en algunos sitios: pintxo + txacolí = 2€).



Después de tanto txacolí y pintxo, nos decidimos a dar un paseo. Dimos una vuelta por la parte vieja de la ciudad. Merece la pena perderse andando, como ya dije, es una ciudad con mucho encanto. Paseando nos encontramos con la Iglesia de San Telmo y también la Basílica de Santa María. No entramos a ninguna pero por fuera eran muy bonitas.
Obligatorio subir al Monte Urgull, es una colina que está en medio de la ciudad y que tiene muchísima naturaleza. Además, tiene un mirador con unas vistas espectaculares del casco viejo, la parte nueva, la playa de la Concha y Ondarreta. No está muy transitado, con lo que la tranquilidad hace que sea aún un lugar mucho más mágico. Entre la subida, la bajada, el tiempo que estuvimos arriba contemplando las vistas, y el rato que estuvimos paseando por el puerto y por La Concha, echamos la tarde.
Como hacía algo de fresco y queríamos hacer tiempo para ver el fútbol, entramos de casualidad a una cafetería llamada Café Irubi o El Café de Donosti (C/ San Martín 39) y la verdad que fue un gran acierto. Es un sitio muy acogedor y tranquilo, que después de haber estado todo el día de jaleo se agradece. Tienen muchos tés de distintos sabores, café, chocolate y bollos caseros también muy buenos. E incluso bollos sin gluten. Además hay libros y periódicos que puedes leer mientras tomas algo. Y por supuesto cuentan con wifi gratuito.
Para ver el fútbol elegimos otro barecillo que encontramos, La Tabla tierra y mar (C/ San Martín, 42). De este no guardo gran recuerdo. Cuando nosotros estuvimos estaba muy saturado, la atención de los camareros dejaba mucho que desear, y ni la ración que pedimos ni los pintxos me parecieron buenos. Indicar que no entramos al comedor sino que nos quedamos en la zona de la barra.

El domingo nos levantamos pronto y vuelta para San Sebastián. Estuvimos viendo un poco la maratón para animar a un amigo. Después, aunque el día estaba medio lluvioso, nos acercamos al Palacio de Miramar y sus jardines, por los que estuvimos paseando un rato y desde los que puedes ver toda la bahía. Además hay banquitos para sentarse y disfrutar de las vistas.
Continuamos con el camino hacia Ondarreta hasta llegar al Peine de Viento, enormes esculturas realizadas por Eduardo Chillida e incrustadas en las rocas. Además de las esculturas, donde chocan constantemente las olas, existen unas salidas de aire y agua (como géiseres artificiales) que son el disfrute de todos, especialmente de los niños.
Terminamos nuestra visita a San Sebastián subiendo al Monte Igueldo. Nosotros optamos por subir y bajar en funicular, pues ya no teníamos mucho tiempo, pero se puede subir y bajar andando o bien coger sólo subida (o bajada) en el funicular. A lo largo del camino se ven casitas y arriba del todo hay un hotel.
Una vez arriba, hay un parque de atracciones para niños que pese al aspecto cochambroso que tiene funciona (en temporada de verano eso sí). Desde este monte se puede ver todo San Sebastián, tendrás unas vistas impresionantes.
Nos comentaron que si subes a la torre las vistas son aún mejores (no sé si habrá mucha diferencia) y que en ella se pueden ver fotos y textos que la decoran y muestran la historia de Donosti, pero la encontramos cerrada.
Noviembre’2014

















