Aprovechando el puente de Diciembre, y como acostumbramos a hacer cuando se puede, las “de Lucas” (bueno en esta ocasión sin una de nosotras) nos fuimos de viaje. Esta vez el destino fue Praga y Budapest, con una miniparada en Bratislava.
Llegamos el domingo por la noche, y después de dejar las cosas en el hotel, nos fuimos a tener una primera toma de contacto con la ciudad…y con la cerveza! 😉
El hotel en el que nos alojamos fue el Eurostars Thalia, está muy cerca de todo y la atención fue muy buena. El desayuno buffet muy completo.
Fuimos dando un paseo y callejeando hasta llegar a la Plaza de la Ciudad Vieja, y ya después de tomar una cerve fuimos a cenar. Nos metimos en el restaurante U Supa (Celetná 22), sitio muy agradable donde cenar y de precio correcto (más barato que España). La comida estaba bastante buena, de lo que probamos nos quedamos con el codillo y con el salmón, ambos muy buenos y bien preparados. La camarera que nos atendió fue muy atenta.
Para el día siguiente habíamos reservado un free tour (creo que es algo que viene muy bien para orientarte, tener una primera visión de la ciudad y de su historia) con Unity Tours (paraguas blanco y negro) recomendados por una amiga que les conocía. Y fue un acierto. De guía tuvimos a un chico de Bilbao, Carlos, que nos fue enseñando y contando la historia de la ciudad de una forma entretenida a la par que interesante, que hizo que llevásemos mejor el frío que hacía.
Cuando terminamos, y siendo ya casi hora de comer, fuimos a uno de los típicos mercadillos navideños con casetas y puestecillos de comida y vino caliente. Mucha gente, mucho fresco y muchos perritos calientes. También aprovechamos para ver el reloj astronómico y la “ceremonia” que realiza cada hora en punto, ver la Narodni Gallery, el Rudolfinum…
Después nos acercamos a ver la plaza de Wenceslao, una gran plaza llena de tiendas, hoteles y restaurantes, y que tiene mucha vida. Al final de la plaza, se encuentra el Museo Nacional (nosotras no entramos a ningún museo por el poco tiempo que teníamos). Pero para mí, lo más impactante de esta plaza fue el conocer las historias de Jan Palach y JanZajíc, estudiantes checos que para protestar por la política que se llevaba a cabo entonces, se suicidaron en dicha plaza quemándose a lo bonzo con un mes de diferencia.
Paseamos un ratillo más por la zona, vimos un par de mercadillos navideños, y fuimos a un bar que quedaba cerca, Vytopna (calle Vaclavske Namesti 802/56). Este bar tiene una particularidad, y es que la cerveza te viene en trenecitos. Sí, sí, tienen unos raíles montados por todo el bar, y cada vez que pides una cerveza no es el camarero quien te la trae, sino una locomotora. Con la tontería te pones a beber y a beber… :p Ahora, la comida es muy muy mala!! Pero el sitio es muy chulo y es diferente.
También fuimos a otra cervecería que conocía mi tía de su anterior viaje a Praga ya hace algunos años, y que teníamos apuntada como recomendación, U Flekú (calle Kremencova 1651/11). Esta cervecería es un sitio típico de turistas, y no merece la pena ir. No te ofrecen variedad de cerveza, sino la suya (negra aunque no fuerte), que está bien pero tirada como si lo hace mi sobrino. El trato es muy malo, saben perfectamente que no tienen que agradar a nadie porque tienen publicidad más que de sobra, y les da igual si te quedas o no, porque llega mucha gente todo el rato.
El martes, lo primero que hicimos fue ir a ver la Iglesia de Tyn (los lunes está cerrada). Es una Iglesia muy curiosa, a mí me gustó mucho, es mezcla de muchos estilos, su interior es dorado y negro en su mayoría, y lo más curioso es que está encerrada entre edificios (de hecho la entrada está en una calleja entre dos restaurantes de la plaza).
Después de esto fuimos al barrio judío. Ya habíamos pasado el día anterior por ahí durante el recorrido del Free Tour, pero volvimos para ver alguna de las mezquitas y el cementerio judío. Hay seis sinagogas.
Nosotras visitamos la Sinagoga Pinkas, muy impactante, pues tiene en sus paredes los nombres de los 77297 judíos checoslovacos asesinados por los nazis. Además hay una amplia colección de dibujos que realizaron los niños del campo de concentración de Terezín.
También entramos a la Sinagoga Española, que guarda bastante parecido a La Alhambra de Granada.
Y por supuesto, el cementerio judío, que erróneamente hay quien piensa que es donde los judíos asesinados por el nazismo están enterrados (¿acaso se preocupaban de eso?), sino que era el único lugar donde se permitía enterrar a los judíos en Praga durante más de 300 años (allá por el s.XV), de ahí que, al no haber espacio suficiente, estén unas lápidas sobre otras y mucha gente enterrada junta.
Para subir al Castillo cogimos el tranvía 22 (el ticket son 24 coronas por 30 minutos). El Castillo de Praga no es lo que entendemos en general como un castillo, sino que es una fortificación amurallada que contiene en su interior una especie de ciudad.
Una vez allí, hay dos tipos de entradas, la normal y la reducida. Por horario tuvimos que coger la reducida, que incluía la Catedral de San Vito, el antiguo Palacio Real, el Callejón de Oro (donde se encuentra la casa que habitó Kafka durante un año), la Basílica de San Jorge y la Torre Daliborka. Sin duda es de las visitas imprescindibles de la ciudad, por el propio complejo y por las vistas que puedes tener desde allí.
Desde el Castillo bajamos paseando hacia el barrio de Mala Strana. Siendo ya más de las cuatro de la tarde pensamos que era muy difícil que encontrásemos un sitio para comer, pero descubrimos de casualidad el U Zlatého Preclíku – (calle Tomásská 22) M Este sitio es altamente recomendable. Precio excelente, comida casera y recién hecha, muy atentos. El único pero que le encuentro son los aseos, que están como separados y no hay calefacción. El dueño, que era mayorcillo, era muy agradable.
Atravesamos el puente de Carlos una vez más y tomamos unas cervezas en un bar cercano al teatro TaFantastika mientras esperábamos el inicio de la obra de teatro negro que habíamos escogido, “Aspects of Alice”.
En mi opinión, esta obra no merece para nada la pena. Está visto que al estar este teatro muy cerca del puente de Carlos es súper turístico, y además de ser de las obras de teatro negro más caras, no tiene nada de argumento, la escogimos por Alicia en el país de las maravillas y las opiniones leídas en internet, y nos pareció un total desacierto. Y no llegaba a tratarse de un espectáculo de teatro negro, sino más bien tipo…mímica con colorines…no sé, pero si podéis, escoged otra.
Para cenar, entramos en el Zlaty Dvúr – Jazz (calle Husova 242/9). De todos los sitios que comimos este es el que menos me gustó. Es muy de turistas (de hecho tienen un menú turista). La comida normalita y cara, y el servicio muy seco. Lo mejor la música en directo (que te cobran aparte en la cuenta y me parece totalmente correcto, pero creo que deberían avisar).
La mañana siguiente era la última que teníamos en la ciudad para terminar de visitar lo que nos quedaba.
Aprovechamos para ver la Casa Danzante, volver a Mala Strana y callejear un poco más. Ver el puente del amor, el muro de John Lennon, ver la Iglesia de San Nicolás y subir a su torre. Este barrio es otra de las zonas más bonitas que tiene la ciudad, por la que merece la pena perderse y pasear todo lo posible.






Para comer, con las prisas de no perder el avión, entramos en un bar llamado Archa U Prokúpkú (Calle Náprstkklova 214/7). , apenas tiene 5 ó 6 mesas, pero la comida es casera muy buena y abundante. La atención increíble,y de precio, tanto si coges menú como si no, es muy barato.
Y ya sin más tiempo que para coger las maletas e ir al aeropuerto nos despedimos de esta bonita ciudad 🙂
Diciembre’2016
























