Roma es una de esas ciudades que tienen que ser visitadas en la vida sí o sí. ¿En tres días? Se puede, y os contaré cómo.
Nosotros estuvimos en Agosto, y es cierto que nos hizo demasiado calor, pero también gracias a todas las horas de luz pudimos aprovechar al máximo.
El alojamiento que cogimos, Settembre 95, horrible, cero recomendable, si os interesa podéis leer mi opinión en tripadvisor.
Fuera de esto, y que no íbamos a dejar que una habitación nos estropease el inicio de vacaciones, os cuento qué ver y los recorridos que hicimos 🙂
Como en casi cualquier ciudad turística hoy en día, hay tarjetas que combinan transporte y la entrada a museos, en este caso es la RomaPass. ¿Si merece la pena? Pues depende de lo que vayáis/queráis hacer… Yo sí la recomiendo porque a poco que uséis el transporte os merecerá la pena.
Os dejo un mapa de la ciudad con las rutillas que nosotros realizamos marcadas (el orden fue: morada, rosa y azul).

El primer día lo iniciamos en el Vaticano. Teníamos la entrada para los museos a las 11, así que fuimos un poco antes con la intención de entrar mientras a la Basílica de San Pedro… ¡ilusos! Jeje. Había una cola como….¿de tres horas? Así que nos conformamos con disfrutar de la plaza de San Pedro que es increíblemente espectacular.

En los museos puedes tirarte todo el tiempo que desees, pues tienen una amplísima colección de diferentes tipos de artes, más antiguo, más nuevo, pintura, escultura, tapices, arqueología… Evidentemente el motivo principal de la visita es poder contemplar la Capilla Sixtina desde cerca, y os aseguro que merece la pena… Lo malo es que hay infinita gente a la vez, tanta como en un vagón de metro en hora punta, y tienes a los de seguridad mandando callar y no hacer fotos todo el tiempo.
A partir de aquí el resto del recorrido del día fue caminando. Nos acercamos al Castillo San Ángelo (cuya función original era un Mausoleo transformándose después en fortaleza para la protección de los Papas) y después cruzamos el río Tíber para adentrarnos hacia el centro de Roma.
Paramos a comer en la Trattoria da Alfredo e Ada, que aunque la habíamos visto en internet muy recomendada, dimos con ella de casualidad y sin buscarla, y os confirmo que la comida era muy buena, aunque el servicio algo lento. Está aquí: https://goo.gl/maps/9meYNGEVvWt
Seguimos paseando hacia la plaza Navona, una plaza amplia pero con mucho encanto gracias a las tres grandes fuentes y obelisco, la cantidad de bonitos cafés y heladerías que hay alrededor (eso sí, muy caros) y un sinfín de artistas sentados en casi cualquier rincón.
Y desde aquí al Panteón de Agripa, un edificio de forma totalmente esférica en el interior que a principios del s.VII se transformó en Iglesia.
Bajamos hacia el Campo de Fiori, otra bonita plaza aunque no por su historia, ya que fue uno de los lugares de ejecuciones públicas en la época de la Inquisición. Lo malo es que debido a la hora a la que llegamos, ya habían desmontado los puestecillos de alimentación y flores que hay a diario y estaban limpiando.
Nos acercamos después a Piazza Venezia, plaza con un increíble caos circulatorio. Debéis subir arriba del monumento, pues las vistas desde ahí no tienen desperdicio alguno.
Desde aquí subimos hacia la Fontana di Trevi, visita obligada en la ciudad. Increíblemente bonita aunque saturada de gente. Hay que estar atento para hacerte hueco, poder sentarte a disfrutarla y conseguir una foto. Me sorprendió muchísimo que entras a la plaza, y la fuente era toda la plaza.
Nuestro camino siguió hacia la Plaza de España, plaza que aparece en varias películas de los años 50. La principal atracción es la escalinata que hay en ella, y que une la plaza con la Iglesia Trinitá dei Monti.
Para terminar el día subimos a la colina de Pincio y Popolo y contemplamos uno de los mejores atardeceres de la ciudad.
El segundo día fue un día que dedicamos a ver más la Roma clásica. Consejillo, la entrada al Coliseo es combinada con el Foro Romano y el Palatino, así que sacad o validad vuestra RomaPass en el Palatino ¡y os ahorráis la inmensa cola!
El Palatino es una de las colinas de Roma, donde dice la leyenda que fueron encontraros Rómulo y Remo y el sitio donde se fundó Roma.
Todo el monte es una especie de museo al aire libe, por donde puedes pasear libremente. Lo mejor de todo son las vistas que tienes del foro, pues es la mejor visión global de éstas que puedes tener.
Desde aquí pudimos acceder directamente al Foro Romano. Es una de las mayores ruinas juntas de los romanos, donde es fácil imaginarse cómo era la ciudad en la antigua Roma, sus templos, sus calles, mercados…
Lo que sí os digo es que no hay prácticamente información dentro, así que es conveniente que llevéis alguna audioguía o información al respecto.
Por último entramos al Coliseo (anteriormente llamado Anfiteatro Flavio), lugar donde se celebraban los “juegos” de gladiadores. A mí personalmente me gustó mucho, me impactó bastante que fuese tan grande y que su conservación sea tan buena. Es una pasada verlo.
Entre el calor y las horas estábamos agotados, así que nos separamos un poco de la zona y nos fuimos a comer a Erzini Food algo rápido. Unos bocadillos que te los preparan en el momento de lo que tú quieras, súper sabrosos, que nos comimos allí mismo. En cuanto terminamos nos acercamos al jardín del Palacio de Venecia, y estuvimos descansando un ratillo a la sombra.
Ya con las pilas cargadas, fuimos paseando primero hacia el Teatro de Marcelo y después hacia el Mercado de Trajano. Este paseo fue muy agradable ya que los domingos cortan al tráfico una gran zona de la ciudad, y pasear por medio de las calles sin el estrés que producían los coches era guay.
Para terminar el día, decidimos acercarnos al Trastevere. Este es un barrio totalmente diferente al resto de Roma, con un encanto propio y un ambiente más joven y ameno, perderse por sus calles merece mucho la pena.
De camino paramos en la Iglesia Santa María de Cosmedín, para ver la Boca de la Verdad, pero estaba ya cerrada, así que tuvimos que conformarnos con verla a través de las rejas. Restaurante que os recomiendo encarecidamente que visitéis, Carlo Menta (Via de la Lungaretta 101), comimos muy bien, muy barato, y en una plaza muy entretenida, que además tenía algún puestecillo de comida, pulseras, discos antiguos…
El tercer día tuvimos que madrugar para cuadrar la visita a la Basílica de San Pedro y su cúpula. Así que a las 8:30 estábamos listos con nuestros tickets para subir a la cúpula, Edu, mi vértigo y yo 🙂
Os aconsejo que subáis, las vistas desde aquí son maravillosas. Y la subida es llevadera, yo tengo claustrofobia y vértigo y pude subir sin problemas (con un pelín de agobio pero sólo al final).
Y así cuando bajáis, entráis directamente a la Basílica, igual, sin colas.
Como en todos mis viajes, no hay ciudad que visite sin pasar a ver el estadio de fútbol principal, así que desde el Vaticano cogimos un bus y fuimos hacia el Foro Itálico, complejo en el que está el Estadio Olímpico de Roma.
A primera hora de la tarde nos acercamos a las Catacumbas de San Calixto, cementerio subterráneo que se encuentra en la vía Appia Antica. La visita no es larga, como unos 40 minutos, es guiada y creo recordar que la entrada son 8€, y es muy recomendable. Son muy curiosas y además están muy bien conservadas. Yo las recomiendo 100%.
Volviendo hacia dentro de la ciudad, nos acercamos a las Termas de Caracalla y a la Basílica Santa María la Mayor, pero ya no pudimos entrar por horario, así que, como nos había gustado tanto la zona de Trastevere el día anterior, decidimos ir a cenar y pasar nuestra última noche allí.
Así que ya sabéis, si vais a Roma, que sea con Amor 😉
Julio’2017





























































