Otra bonita parada que realizamos en nuestro viaje por Italia fue esta ciudad. Se supone que es una ciudad con mucho ambiente pero nosotros la encontramos muy tranquila, imagino que al visitarla en verano estaba vacía del ambiente universitario que dicen que tiene.
Lo que más me sorprendió es que básicamente toda la ciudad está cubierta de soportales y hay multitud de torres, de ahí que la llamen la ciudad de los pórticos y las torres. ¡Ah! Y que los “espaguetis a la boloñesa” en realidad son “espaguetis al ragú” y que os mirarán mal si pedís los primeros… J
Sobre cuánto tiempo se necesita para visitarla, yo creo que dos días es más que suficiente para recorrerla y disfrutarla.
Os dejo las cositas que yo considero que son visita obligada:
Piazza Maggiore: De los sitios más frecuentados de la ciudad, tiene varios edificios muy emblemáticos (Sala Borsa, Iglesia de San Petronio, Palacio de los Notarios…) además de una fuente, la de Neptuno, que tiene una curiosa historia escondida, y es que resulta que su autor tuvo que modificar los atributos del Dios ya que la Iglesia lo consideró muy grande, pero al hacerlo, lo realizó de tal manera que, situados en el ángulo correcto, el dedo pulgar parece que fuese el pene erecto.
Sala Borsa: Es una bonita biblioteca pública que en sus orígenes fue el edificio de La Bolsa y en el que puede verse a través de cristaleras en el suelo restos de los siglos anteriores.
Palacio Archiginnasio: Fue sede de la Universidad de Bolonia, la más antigua del mundo, y alberga el Teatro Anatómico, espacio forrado de madera y con una mesa central de mármol, en la que se diseccionaba cadáveres delante de los estudiantes. La entrada al palacio es gratuita, pero si quieres visitar el Teatro Anatómico y el Aula Magna hay que pagar la entrada (creo recordar que fueron 3€).
Basílica de San Petronio: Gratuita, aunque si quieres hacer fotos has de pagar 2€. Es la quinta iglesia más grande del mundo a pesar de no estar terminada debido a que el papa de la época decidió parar su construcción por envidia de que fuera más grande que San Pedro en el Vaticano. A mí esto me impactó muchísimo ya que se ven perfectamente los cortes.
Además, en su interior podréis ver un reloj solar que con la luz que entra por un agujero que hay en el techo marca la fecha en la que estamos. También podréis observar un fresco (por el que la Basílica ha sido amenazada por islamistas) en el que se representa a Mahoma en el infierno.
Torres Asinelli y Garisenda: Las dos torres más altas que quedan en la ciudad, que en el momento de su construcción demostraban la riqueza de sus dueños.
A la primera de ellas se puede subir por una escalera interior (previo paso por caja), cosa que recomiendo muchísimo a pesar de que las escaleras crujen a ratitos, pues las vistas desde arriba son espectaculares, pudiendo contemplar todos los tejados rojizos, las cúpulas, los palacios y el resto de las torres.
Plaza de Santo Stefano: En Bolonia esta plaza es conocida como de las Siete Iglesias, pues en uno de los lados de la plaza se encuentra un complejo de iglesias medievales que en su origen eran siete, aunque hoy en día no todas se conservan. De entrada gratuita, merece la pena una visita.
Santuario Nuestra Sra. De San Luca: Alejada del casco histórico y sobre una colina, no es otra iglesia más, pues para llegar a ella has de pasar por un pórtico con 666 arcos a lo largo de casi 4km por donde encontrarás mucha gente paseando y/o corriendo (sí, también se puede subir en coche o en autobús). De acceso gratuito no así su cúpula (nosotros no subimos). Fuera, unas increíbles vistas de toda la ciudad y de los alrededores.
Además de todos estos sitios, también podéis aprovechar y averiguar el resto de secretos y leyendas que esconde Bolonia: paredes que oyen, una ventana que da a uno de los viejos canales (anteriormente Bolonia era conocida como “la picola Venezia”), flechas desviadas de su objetivo, la cara del diablo… ¡seguro que disfrutáis! 🙂
Julio’2017


























