If you’re going to…¡Marrakech!

La idea original de este viaje, fue de una súper compi de curro que se iba con su hermana, pero en uno de los ratos de desayuno, se convirtió en un viaje de cuatro.

En realidad, hace año y medio, no hubiera pensado en hacer este viaje, o más bien no hubiera creído ni de coña hacerlo con ellas, pero las segundas oportunidades no son siempre malas como se dice, de hecho a veces sí son buenas, y salió un viaje fácil con unas amigas muy divertidas.

Nosotras llegamos el sábado por la noche y estuvimos hasta el martes por la tarde, en realidad con dos días te da tiempo a ver la ciudad, así que es un destino perfecto y cercano para cualquier fin de semana.

Ya de inicio me impactó muchísimo el aeropuerto por su diseño, increíblemente moderno. Ojo, porque a la vuelta me sorprendió más, pues siendo tan moderno en apariencia, tienes que ir SÍ o SÍ con el billete de vuelo impreso y presentarlo en las ventanillas de facturación aunque no tengas que facturar nada.

Nosotras nos alojamos en un Riad cerca de la plaza Jemaa el Fna, y contratamos directamente el transporte desde/al aeropuerto con ellos. El Riad en cuestión fue Dar Yammi, pequeñito pero acogedor, a mí me gustó bastante y los dos chicos que lo llevan son muy majos. Si os decantáis por este Riad, tres cosas:

  • No hablan casi español y poco inglés.
  • No cobran con tarjeta, tienes que pagar en dirhams o euros. Ojo, porque el cambio a euros está algo por encima que el marcado
  • El desayuno está incluido, aunque no varía. Nosotras les pedimos si podíamos tener algo de fruta, y ya todos los días nos pusieron una macedonia.

Como llegamos de noche al alojamiento, no nos dio tiempo a otra cosa salvo dar una vueltecilla por la plaza y cenar. Buena primera toma de contacto con la ciudad 😊

Coincidimos en que somos súper fans de hacer un freetour siempre nada más llegar a la ciudad, para conocer la historia, costumbres, anécdotas… y también para orientarnos, así que eso es lo que hicimos durante la mañana del domingo (https://bit.ly/2SeEmZV ). En este caso el recorrido empezó cerca de la mezquita de Koutoubia y duró algo más de cuatro horas, que es más de lo habitual, entrando al Museo Dar Si Said (la entrada creo que son 3€) y también a una especie de parafarmacia donde te enseñan cómo se hace el aceite de argán, sus usos, productos relacionados… (con su intento de venta). Para mí es increíble (y casi inentendible) ver cómo se meten en ese laberinto de calles y no se pierden.

Una vez acabado el tour fuimos a comer a uno de los sitios que nos recomendaron, Restaurante Populair. Rápidos y dos de las Bs, bueno y barato, muy barato. A ver, básicamente el sitio es un bar de barrio de allí, con turistas y marroquíes, pero creo que pagamos cada una al cambio 6€ y nos sobró comida. El tajine de ciruelas lo mejor.

Por la tarde fuimos paseando hasta las Tumbas Saadíes, queda como a una media hora andando desde Jemaa el Fna. La entrada, como al resto de los museos y monumentos las han subido a 7€.

La verdad es que tenía muchas ganas de verlas, pero me decepcionó bastante. Es un espacio muy pequeño y las tumbas sólo se pueden ver desde una ventana, en la que se forma una cola inmensa.

De vuelta teníamos idea de ver la puesta de sol desde uno de los cafés más famosos de Jemaa el Fna, pero todas sus plantas estaban llenas, así que nos acercamos a otra cafetería en la otra esquina de la plaza, L’Ancien café.

Para terminar el día dimos un paseo por la plaza de las especias, tomamos una cerveza (complicadas y caras de encontrar, recordemos que para los marroquíes está prohibido por ley), y fuimos a cenar al restaurante Àme et Saveurs, cuyo concepto es similar al Jardín Secreto de Madrid, pues está en la parte alta de una tienda de ropa, y nada te indica que haya un restaurante terraza (varias) arriba.

El lunes cuando amanecimos y después de desayunar, fuimos dando un paseo, largo, hasta los Jardines Majorelle en la ciudad moderna, Guéliz. Este jardín fue diseñado por Jacques Majorelle (de ahí su nombre), aunque ahora pertenece a la familia del diseñador Yves Saint Laurent.

Si tenéis pensado visitarlos, coged online las entradas por adelantado. Tuvimos que esperar una cola increíble.

Una vez dentro, nos esperaba un bonito y acogedor jardín lleno de cactus, palmeras, nenúfares… plantas de todos los continentes combinadas con ornamentos de un color azul increíblemente llamativo y especial.

Poco más hicimos esa mañana, nos acercamos (yo y mis caprichos 😉) a ver el estadio de fútbol donde juega el KAC Marrakech, aunque fue un poco decepción, porque es un estadio multiusos dentro de un recinto que tenían cerrado.

Y volvimos justo al inicio de la medina para comer en el Fine Mama, local mucho más tranquilo, cuidado y en apariencia mucho más higiénico, y donde me encantó la pastela que tienen.

Después de comer, dimos una vuelta por los distintos zocos, parando en el Souq Semmarine, que es el zoco de los curtidores, y en el que es fácil sacar cualquier tipo de prenda de piel a buen precio.

También nos detuvimos en el zoco Kchacha, de frutos secos, en el que podéis encontrar unas bolitas de casi cualquier fruto seco recubiertas de un crujiente con sabor a queso, a chili, a barbacoa…súper ricas, por favor probadlas, las echaréis de menos a la vuelta. ¡Si las encontráis por Madrid decidme dónde!

Antes de que se nos hiciese más tarde, volvimos a la plaza Jemaa el Fna, al Café le France, en el que esta vez sí cogimos una mesita en la que tomar un té mientras veíamos el atardecer y el cambio que experimenta la ciudad entre el día y la noche.

Plaza Jemaa el Fna antes poco ates del atardeer

Una vez retomadas las fuerzas, nos fuimos hacia el barrio judío, habíamos estado aquí de pasada durante el freetour, y tocaba recorrerlo por nuestra cuenta. Está en la parte sur de la Medina y es mucho más tranquilo, sin perder por ello su encanto. Eso sí, es igual de complicado orientarse por todas las callejuelas, y por la noche, algunas pueden dar un poquino de miedo. Recomendable para tomar algo en esta zona el Café Dar Touareg, muy agradable con una atención muy buena, los precios bajos, te ponen pastitas con los tés/zumos…

Ya de vuelta, paramos a cenar en el Restaurante Dar Nejjarine, en el que no repetiría (podéis ver mi opinión aquí). Y terminamos el día en el Restaurante Le Salama, que en su parte más alta es una terraza panorámica llena de plantitas en el que poder tomar una copa y fumar shisha sin problemas. Tienen “happy hour” de algunas bebidas, incluida cerveza, pero como consejo, no pidáis vino… es más horrible que el peor cartón que hayáis probado cuando hacíais calimotxo a los 16.

El martes, después de desayunar tranquilamente y recoger las cosas, lo pasamos principalmente paseando por los diferentes zocos, esta vez también con idea de hacer alguna compra y/o llevarnos algún recuerdo de aquí, volviendo a la que posiblemente fuese mi plaza preferida, la de las especias, ¡taaaan bonita! En ella tenéis también varias terrazas en las que parar a disfrutar. En este último paseo llegamos a la Madraza (escuela musulmana) más importante de la ciudad, la Madrasa de Ben Youssef, que por desgracia estaba en obras y en principio seguirá así hasta mediados o más de este año 2020.

Para finalizar nuestro viaje, comimos en otro lugar que nos habían recomendado, el Restaurante Oscar Progrés. Mesas alargadas compartidas y la mayoría de la gente es local. No hay gran variedad de platos, pero suficiente y a precio de broma, de verdad, otra vez comimos por 4€ cada una con bebida incluida.

Y con la vuelta al Riad a recoger las cosas y que nos llevasen al aeropuerto, terminó nuestra aventura por estas tierras. Como consejo final, no olvidéis ir con mucho tiempo al aeropuerto. Si elegís Marrakech como vuestro próximo destino, seguro que lo disfrutáis muchísimo 😊

Noviembre’2019

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